1.- ASENTAMiENTO Y FUNDACiÓN DEL PRiMER POBLADO

  

   En los casos de la denominación de origen de los pueblos, cuando no hay documentación histórica suficiente que lo corrobore, los investigadores suelen ayudarse de la toponimia. Ésta es una ciencia, cuyo saber se apoya en datos objetivos, aportados por otras ciencias -como la geografía, la historia o la botánica- para llegar, mediante procesos inductivos a deducir y enunciar una opinión, después de haber sido desechadas muchas otras, de las que se tiene una apreciación menos problable de prosperar que la que lanza, como resultado de su autoridad investigadora, y final de su tesis.

  

  En el caso de Prádanos de Ojeda, tenemos una conjetura, que no es mucho más que una opinión fundada, aun desconociendo tanto su primer poblamiento como su carta de población. Aquello que conocemos ha llegado hasta nosotros por medio de escritos sesgados, recopilados de archivos o bibliotecas, y que se dio a conocer en el año 1988 con la publicación del libro de Ricardo San Millán López: Prádanos de Ojeda (Compendio histórico) cuya investigación se inició, con anterioridad, por el grupo de lectura y estudio, formado por don Antonio, el cura.

  

   El conjunto de dichos conocimientos sobre Prádanos en aquel momento, y los sucesivos  investigados, nos permiten tener una apreciación más aproximada, y forjar una interpretación que se ajuste más a la realidad perseguida.  Contamos, para ello, con versiones de renombrados investigadores -como el catedrático Julio González, profesor de historia medieval de la universidad complutense de Madrid; o con el medio topónimo del que se debió rodear el poblado, sin que lo atestigüe documento alguno; siendo el de su propia flora el arguemento del que partimos, si nos desplazamos a la época prerrománica.

  

   Cuando los romanos invaden Hispania e impulsan sus conquistas hacia el septentrión, las fuerzas, que ponen resistencia, son los cántabros, quienes -junto a vacceos y turmogos- se baten en los frentes del río Pisoraka, justamente en las inmediaciones del monte Cildá, en el desfiladero de la Horadada.

   

   La cercanía a este emplazamiento nos confirma que, juntamente con Amaya (el otro gran castro y bastión contra el romano), conforma esta latitud del relieve, la que sirve de frontera entre el páramo y la montaña. Aquí es donde los romanos hubieron de fundar una legión, dada la defensa que oponía el cántabro, al cerrarse el páramo, encresparse el terreno y abrirse la garganta de la Horadada, por la que poder progresar; y, desde cuyas aristas, sus moradores, cayendo sobre el agresor romano, ofrecía fuerte resistencia, desde la altura de sus puntos de vigía: Monte Cildá, Amaya y Monte Bernorio: triángulo que les impidió su progreso y camino hacia Portus Blendius (Cantabria).

  

   Prádanos, adosado a una de las primeras colinas de la montaña creciente, pudo ser el lugar elegido por los vacceos-cántabros, quienes en armonía prerromana, tenían establecido quizás un coto de caza, para abastecer a las poblaciones -antes citadas- de las alturas, ocupadas por emplazamientos de guerreros, necesitados y abastecidos de intendencia. Si hacia esta época (siglo vi a, d. c.) existía un asentamiento, éste -amparado  y al remanso de los vientos del norte, soleado, y mirando hacia el sur- estaba protegido por la vigía de monte Pico, punta y atalaya desde la que controlar las incursiones del sur.

   

    Prádanos hubo de ser el último territorio abierto del páramo, a cuyo acceso se veían, como gigantes polifemos, las estribaciones nevadas de los Picos de Europa, y donde el Pisuerga se encajona por la hoz de las Tuerces; sin otro paso, al avance del romano imperialista, que los puertos de montaña; siendo el poblado de Prádanos la última faja de tierra abierta para el pastoreo, triangulada por los términos municipales de los hoy: La Vid, Villabermudo y  Valle de Ojeda hacia Cervera. El fin del páramo y la aparición de la montaña debió ser aquella línea fronteriza, que cerró el paso a Lacio e hizo que el vacceo lo tomara como asentamiento.

    

   A la llegada del romano invasor los pueblos que habitaban la frontera entre estas dos latitudes eran los vacceos y los cántabros; después vendrían -a la caída del imperio romano de occidente- los godos con Recaredo, convertido al cristianismo, los árabes (mozárabes y judíos), hasta la culminación de su expulsión, con la toma de Granada, en el 1442. Con la invasión de Napoleón se puede decir que las invasiones guerreras, por anexionar el territorio, finalizan.

  

  El nombre asignado -de Prádanos- se desconoce, hasta el presente, por falta de documentación escrita; pero es muy probable que, al ser nombre acuñado y utilizado por los griegos (existe en Grecia, entre El Pireo y Corinto, un pueblo con el mismo nombre de Prádanos), los romanos lo adquirieran y lo aplicaran en el caso de una región, cubierta por árboles de hoja caduca como es el "acer", de la familia de los arces; y de ahí "fojedas" (hojedas, de hojas caducas, sin que sepamos el por qué de la pérdida de la f que en su origen fue una h), de árboles "prádanos", que serían los determinantes topónimos del lugar del Prádanos de Ojeda actual.  Mariano San Millán López, escritor

 

                            

 

                       2.- TOPONiMiA Y NOMBRE DE PRÁDANOS DE OJEDA

 

    Se ha dicho, con propiedad, por algunos investigadores -y se sigue manteniedo por el pueblo- que el nombre de Prádanos procede de "plátanos",  "prados", o "pradalinos", etc... Al afirmarlo, se apoyan en que la denominación de origen de un lugar se suele tomar del mismo medio, donde está enclavado su asentamiento; viniendo a ser el nombre elegido la representación simbólica de lo que le rodea.  

  

  Miremos el caso de los pueblos, que lo rodean: pueblos limítrofes o cercanos, como La Vid, Olmos, Nogales..., todos ellos pueblos, cuya entidad está referida a la flora de aquel tiempo, cuando los primeros pobladores dijeron del lugar que "estaba lleno de... (olmos, vides, nogales...)", los cuales se extendían por sus alrededores, en arroyos, sotos, riberas..., hasta que -no se sabe con propiedad- qué determinó para que algunos de ellos fueran decayendo, o extinguiéndose; como es el caso del olmo actual, por esa enfermedad vírica, producida por la Grafiosis o (Ceratocystis ulmi).
  

   Los supuestos precedentes citados tienen de común entre sí su extración de la toponimia; es decir, toman el nombre del medio, donde está emplazado, lo que determina su nombre.

  

   En el caso de Prádanos hubo de ser de similar modo y manera. Enclavado el poblamiento, entre la paramera y la montaña, goza de precipitaciones suficientes, como para ser zona de pastos para el ganado; hasta el punto que, cuando el pueblo gozó de la mayor industria, que nunca antes tuvo (la de paños y lanas) sólo una parte era cultivable; siendo dedicada la restante a la cabaña ganadera: de ahí que se pretenda hacer llegar su denominación -sin temor a equivocarnos- de su realidad vegetal.

  

  El que se le haga proceder también de "prada-linos"..., ésto resulta de una doble circunstancia: (la anterior de "prados" por su climatología, más la del cultivo del "lino-s"), otro elemento floral, cuya siembra -durante décadas de esta gramínea textil- reforzó batanes y fábricas en la industria de paños y lanas, que funcionaron desde mediados del siglo dieciocho hasta primeros del veinte.

  

   Tanto la denominación de "plátanos" o "prados", como la de "para-dinos" se toman como referencia de algunos manuscritos, donde esporádicamente se le denomina así -con variantes, según el amanuense, por aquellas calendas; variando -incluso- con el de "pládanos"; lo que nos obliga a remontarnos, y a fijar cuál de los árboles o arbustos es el dominante firme en la denominación de origen. Ilustremos nuestro caso con el de otros cercanos, como el de Prádanos del Tozo y Prádanos de Bureba, ambos en la provincia de Burgos, y cercanos a la Ojeda: el Prádanos de Bureba a 34 km. de Burgos y el del Tozo, muy próximo de Aquilar,  y a tan sólo 32 km. del nuestro.

   

   Todas las denominaciones sobre el nombre de Prádanos vienen a constatar lo que pudo ser, pero quizás ninguna con tanta propiedad como la de los botánicos palentinos Juan Andrés Oria de Rueda, Justino Díez y Mario Rodríguez, quienes en su Guía de las plantas silvestres de Palencia afirman la existencia de un árbol, de la familia de los arces, denominado "acer pseudoplátanus", llamado prádano, "de hojas grandes y largamente pecioladas, con influorescencias colgantes y sámaras formando un ángulo agudo,  que aparece en la montaña cerca de robles y hayas, aunque se encuentra plantado, como ornamental (también), en toda la provincia", adornando varias calles y paseos de la capital, o los que se encuentran junto al canal de Castilla, al comienzo mismo de la carretera que conduce a Villadiego: unos veinte ejemplares a ambos lados de la calzada; o los ejemplares mismos de cinco años, que -como consecuencia de este hallazgo botánico- crecen: uno (menos frondoso) en el Cotorro de Valdompadre; y el que, en el jardín de los San Millanes, Bernardo y Nati, revasa el tejado; ascendiendo como una lanza hasta el cielo (ahora propiedad de M. S.M. L., quien firma este artículo). 

  

   También se dice en los anales del pueblo que Prádanos llevaba el sobrenombre de "las fogedas", que viene a confirmar nuestra teoría: la de que, desde tiempos remotos, cuando los romanos entraron por este valle, y vieron que la frondosisdad ribereña era la creada por el "acer pseudoplátanus", de hoja caduca, no dudaron en aplicar aquello que constataban: un prádano (árbol de ribera), cuyas hojas caducas, en contraposición al de nuestra encina, que con tanta profusión crece en laderas y hondanadas montanas; mientras que el prádano lo hace en sotos y riberas; aunque -sin que sepamos por qué- se haya extinguido en nuestro territorio (mientras que en pueblos de la cercana provincia de Burgos en poblamientos, que rodean Amaya, aún crece espontáneo en la naturaleza), usado ahora como ornamental.                                                      Mariano San Millán López, escritor

 

                        

                                        3.- VALOR FÁCTiCO DE LA TiERRA CULTiVABLE

 

    Cuando el labrador de la “pradania” profunda pasea sus preocupaciones, durante los meses de mayo y junio,  por los mares de la espiga; y, a falta de lluvia, desgrana una espiga y macera sus granos,  por calcular y saber  el “pinte”, con el que pagará la obrada,  lo hace más con el instinto que con la báscula.

   

   Cuando  dice para sí la cantidad estimativa, ésa, para que fuera buena la cosecha, está sobrevalorando su tierra más que las de los vecinos,  al presumir que darán más,  al no ser  iguales, y ser las suyas de mejor calidad.

   

   Las razones, que le llevan a nuestro agricultor a tales estimaciones, son más fruto de la experiencia y de la intuición que de unos datos, obtenidos de números contrastados o juiciosos. Él sabe, después de todo, que, en el negocio de la tierra, se procedió siempre, dando más importancia el mirar “lunas” que el aplicar una “regla de interés”.   

   

    Por eso, vuelve a mirar al cielo, sabiendo que lo efectivo e importante  es que el “oraje” cambie, se pique la atmósfera, se enrarezca la temperatura, aparezcan las tormentas y el final de la primavera se despache con una fina manta de agua; pues conoce y asume el dicho aquél de que “para madurar, hace falta tiempo y buenas lluvias”.

   

   Y, mientras deambula por las orillas del camino, mirando a un lado y otro, sin que le parezca “más verde el prado del vecino”, ¡desconoce hasta dónde se deja llevar más por el corazón que por la cabeza!  

    

  Mas nuestro agricultor no va descaminado, cuando pisa los bordes del sembrado, mira los contornos de la finca y la cruza por medio. Bien sabe que de haber alguien cercano le llamaría la atención, por considerar que el trigo entallado, pisado, puede que -bajadas sus testuces- no  levanten sus cañas,  y pierda su granazón; pero no tiene reparo en ello, al ser suya la finca, y la tierra de su propiedad. Eso es lo que se dice; y eso lo que cree, al menos, pues paga impuestos.

   

   Lo que ha querido demostrarnos es que una parcela se mide por su tierra; y, ésta, para conocerla a fondo, hay que pisarla; que no basta con ararla y sembrarla, que hay que volverla a herir el tamo para que, estimulada, sude; cuyo saber proviene de que “sólo el que ha amasado la tierra con sus manos, sabe su valía”, mientras vuelve a mirar un cielo, que anuncia presagios inminentes.

  

   Nuestro hombre de labranza sabe, contrariado, que un oficio como el de cultivador del campo, es difícil de controlar y predecir; sin que su saber provenga de haberlo estudiado en otro libro que no sea el de la naturaleza. Y, creyendo que la tierra, que cultiva, es suya (porque tiene  escritura de propiedad y paga "contribución") desconoce que la tierra –por desgracia de (“capitalistas pobres”) --no es de quien la cultiva, sino de quienes la conquistaron: (que son simple y justamente colonos de un estado contratista; y que, si un día dejan de pagar imposiciones: se la quitarán o se la darán a otro que pague. Es ley de estado, cuya tierra  hizo suya con la estadía y derecho de la última guerra.                                         Mariano San Millán López, escritor

                                                      

                                 

                                   4.- “¡SOSOS!”: EL VALOR DE LA SAL, DE UN APODO *

 

   ¡Les llamaban "sosos"  y no sabían por qué! Así que, cuando recibían tan dudoso sobrenombre no sabían a qué atenerse, si reír o llorar. Pero, la normal reacción no era ni la una ni la otra, sino la de quedarse secos o fríos o reacios, como “que no iba con ellos”, seguros de poder sentirse lo contrario: salados, dulces o chispeantes.

  

   ¿Es que, por ser moteados con tan carente sustancia, los lugareños de Pradania no eran hombres de humor y tertulia, de juego o danza, de feria o fiesta, parroquianos, jaraneros o de comparsa?  O ¿es que no cantaban en labores como la molienda, la trilla como en los graneros, en  sementera como en la bielda? Tal vez ¿no coreaban en los rosarios de la aurora, las rogativas de san marcos o a san cristobalón por el 1º de julio?  

  

   Ahora bien, si por “sosos” -quien denosta su procedencia- se refiere a quedarse sin palabras, mudos de conversación durante la dura brega del trabajo; pues bien, si. ¡De acuerdo! Pues, ya se dijo, con anterioridad, por nuestros mayores: “cuando trabajes o camines, marca con anterioridad tus acuerdos el día anterior, y habla justo lo preciso; no sea que, por discrepancias, peques de verbosidad, ocasionándote merma de tus fuerzas al habérsete escapado por la boca”.

  

   Quiere decirse que, a la hora de emplearse, en el duro trabajo, se debe hablar lo justo y preciso, prefiriendo la acción a la locuacidad. (Había una excepción: la de quien le tocaba divertir a los “arrancadores” en tiempos de gavillas, por hacer de los niños un pasatiempo, contándoles un cuento sin fin).

   

   Ninguno de los vituperados, con tan desventurado mote, va a sacarse la espina, por el hecho de ser nombrado por tal defecto. Preferirá, como respuesta, soltar otro dicho semejante. Así llamará “gorriones” a los de La Vid, “picazos” a los de Olmos, “chulos” a los de Alar; en fin “raposos” a los de Villaescusa…; sin que le importe hasta dónde se remonte el desprecio con aquel apodo.  Así que, con este redicho y otro de vuelta, se queda cada cual, como en “tierra de nadie” y “santaspascuas”; a no ser que se prefiera responder con aquello de: “¡ y vosotros la vendéis, ¿no?”, quedando gracioso, y ellos trasquilados.

    

   Por no caer en situaciones embarazosas, no preguntaré a  mis paisanos, en entrevista formal, y no comprometerlos a responder, pudiendo salirme por peteneras; al decir: “ ¡yo-o-o, soso-o-¡ ¿Quién fue el dulce que lo dijo?”; o “¿ dónde tenéis la fábrica que lo hace?” Pero “¿es que tengo cara de insípido?”…; lo que nos llevaría a buscar la denominación de origen de sabores.

   

   Y, si acudiéramos a la paleontología toponímica, alguien foráneo nos diría: “de lo que se produce se da”, aludiendo al manantial de la fuente palacio, de la que se bebe, con una dependencia inmemorial.

   

    Por cierto, esta fuente de aguas montaraces, abundantes y frescas se surte de las copiosas nevadas, siendo capaz de saltarse la acequia con sus chorros y de apagar la sed de fuego durante el verano de personas y ganados.

   

   Para saber el origen y denominación de “sosos”, acudí a un foráneo de la Ojeda, limítrofe. Veréis: esto fue lo que me dijo:

   

   (“Está más claro que el agua, amigo noriama. ¿No habéis sido siempre gente distante, seria, por aislarse distinguida? Cuando fiestas ¿no las celebrabais solos; teniendo que apañarnos, los foráneos, aparte; como si la distancia entre vendedores y compradores no nos igualara en compartir las ganancias de las ventas?

   

   “(Pues por eso, por ir a lo vuestro, por no querer saber de nosotros,  por no compartir con los demás, por no ser “ni fu ni fa”, “ni chicha ni limoná”, “ni gracia ni sal”… por eso os quedasteis con lo de “sosos”… ; sin que pueda asegurar, si esto fue en el siglo pasado o después de la guerra del 39; pero –no os preocupéis- que ahora igualmente se lo podrían llamar a los de Alar o Herrera, o a los mismos de Aguilar: ¡”sosos”! que vais por la vida sólo a lo vuestro”.

   

  Lo que dicha teoría confirmaría que Prádanos se tuvo a sí mismo como un pueblo aparte en sus relaciones con los de la Ojeda, al ser un pueblo comercial, del que dependían los otros, y al que acudían para comprar...; aunque esta actividad decayera con el tiempo, pero no el carácter de sus domésticos: “aislado”, “vigía” o “capital” defenestrada de la Ojeda. Mariano S. Millán López, escritor 

    

 * para devoción o consuelo de los que se sientan sosos: tenemos un patrón: SAN SOSSO. (santopedia lo recoge así):

San Sosso de Misena Diácono, Mártir (siglo IV): ID Santopedia: 8022. Nombre: Sosso . Género: Masculino. Fiesta: 23 de Septiembre. Nacimiento: Muerte:305. Misena, Italia.  Proceso: En Misena de Campania, en Italia, san Sosso (antes Sosio), diácono y mártir, quien, al decir del papa san Símaco , deseando proteger de la muerte a su obispo, consiguió también él el martirio con igual precio y gloria (c. 305).  (¡Enhorabuena! Nuestro bautismo de sal es  ya más dulce).

5.- PREViSiÓN Y FUTURO DE AGRiCULTORES Y GANADEROS      

                                 cada año san isidro es portado en hombros por las calles  del pueblo por jóvenes agricultores,

                                  para que les conceda el don de la prosperidad, y llueva, por bien de la cosecha si es que no lo

                                               hizo con anterioridad.  así lo celebran cada año, cada  (15 de mayo de  199...)

 

   Hace tan sólo unas décadas (allá por los años 1958) había, en el pueblo de Pradania, como unos cincuenta agricultores. De entonces acá, en el transcurso de sementeras y cosechas, ha ido descendiendo su número y dedicación; de tal forma que, si hacemos una previsión del futuro, en pocos años puede que quede tan sólo media docena de labradores.

     

     No, no vamos a caer en la tentación de hacer una lista de los que se salvarían de ese "pedrisco" anunciado por los mecanos del campo, desde que hicieron  su presencia, no. Más que nombres, lo que nos importa son sus situaciones. Y son ésas las que nos preocupan, y de las que queremos hablar. Sabemos de dificultades y dureza del trabajo, y desearíamos que, con el devenir del tiempo, una generación no llamara a extinguirse. Y, si esa fuera la amenaza, que se cerniera, acudir, en todo caso, y pedir ayuda a quien, siendo su patrón, intercediera, antes de que los frutos se malograran.

 

    ¡Fuera las dudas!: ¿Es que, por ser menos, llegará a verse la tierra improductiva? ¡Creemos que nunca!  O, ¿será que el santo, por verse menos rodeado, vaya a sentirse menos querido? ¡Desde luego que tampoco! Ninguno de esos extremos serán los flancos, por donde la quiebra amenazará con aherrojar.  El deseo de perpetuarse es claro, así como el hecho de seguir viviendo de la tierra; si no que lo digan los cofrades, cuando invitan a su fiesta, por verse rodeados o protegidos, como réplica por conseguir ese auxilio mágico de una cosecha mejor. Y, ¡nada como festejarlo en armonía, haciendo de la unión y la fuerza virtud de empresarios!

    

   Dos son los patrones a los que deberán acudir estos empresarios modestos. (No sé en qué orden, si al amo de la tierra primero, o al de las esperanzas, después). En todo caso creo que, como dueños de una escritura, y pagadores de sus impuestos, se deben al patrón “estado”, del que recibir ayudas, y la tierra cultivable no quede en erial, primero; y después y siempre, al protector de toda vida que envíe su rayo solar y su gota de agua –por mediación de san Isidro- con los que las mieses se esponjen y maduren, y toda boca coma por ella.

   Con toda probabilidad, hoy, el cultivador de los campos de su señor se siente menos apoyado moralmente que lo sentían con anterioridad nuestros mayores hace varias décadas; pero no menos económicamente.  Aquello anterior fue debido, tal vez, por sentirse solidarios en la pobreza y en la necesidad como en las penurias por la subsistencia. Hoy–desde que formamos parte de la comunidad europea-  las ayudas económicas dejan de ser aquéllas de sostén, para serlo de competencia.

     

   Ésa, y otras circunstancias, han sido las provocadoras, en los años 60, de la migración y el éxodo, al no poder competir con una agricultura mecanizada. Como consecuencia de los que se fueron, el minifundio pasó a la concentración parcelaria; y ésta, menos necesitada de braceros y criados, provocó que se decantaran por otro destino en la industria y los servicios.

   

   El trabajo agrícola y ganadero, desde entonces, no ha dejado de transformarse lentamente. Los tractores y las máquinas cosechadoras han conseguido suplir a los criados, agosteros y pastores tradicionales, incrementando las explotaciones ganaderas de leche y ceba; viniendo a ser mucho más dependientes del medio, al no poder ausentarse de trabajos que deben ser hechos cada 12 horas.

  

   Hay una circunstancia penosa, que se cierne como espada de dos filos; y es la de la sucesión familiar, que debiera pasar de padres a hijos, siempre que haya descendencia. Caso de que se interrumpiera, y quebrase la cadena por alguna argolla, un “fantasma” vendría a poblar su futuro, y hacerse cargo de la tierra abandonada, y pasase a ser considerada latifundio.

  

  La solución más certera, para que esto no llegara a suceder,  debería pasar por una cooperativa, integrada por una o dos familias avenidas, las responsables de que la tierra no fuera improductiva; ya que de otra forma, la tierra cesante ¿podría ser intervenida y entregada a un latifundista, y ser gestionada por un administrador? 

 

  Si así fuere, en último grado –porque fallase la trasmisión generacional—sufriría el pueblo un cambio tan gradiente, respecto al tradicional de cohabitación, que otra forma de convivencia vendría, tal vez no integradora; sobre todo, si fuera invadido por el turismo rural, donde las casas tradicionales pasasen a ser urbanizadas, y se convirtiera en un lindo pueblo, mirado y visto desde la autovía.                     Mariano San Millán López, Altea. Alicante  30 de mayo 2009

 

6.- PLAZA PÚBLiCA DEL PUEBLO (0 DEL CORAZÓN DE JESÚS)

 

    Como suele suceder, la palabra puede preceder a la acción; y, a la espera –como estamos-- de esa fotografía, de la plaza del año 1945 de su fundación, solicitada con anterioridad, se adelanta la redacción, con ésta -su actual estampa- que poseemos, con el fin de contrastarla, tan pronto la tengamos recibida por mano de algún internauta o vecino y generosidad con este medio, la que anhelamos desde hace algún tiempo. 

                 

   De conseguirla, pensamos que estaremos cada vez más cerca, desde el momento en que la búsqueda ha dejado de ser particular para hacerse extensiva al conjunto de los pradanenses voluntarios, desde el momento que, por este medio, estamos interconectados con esa comunicación que dan los medios.

 

  No estamos lejos. Probablemente en el verano -esa cita anual, que nos vuelve a reunir- puede ser el momento de que figure al lado de la nueva. Para tenerla en nuestros anales preferimos una foto o una pintura, antes que un dibujo prefijado. Y como poseemos información de que lo solicitado está en el pueblo y pende de la pared de algún vecino, con quien no hemos podido conectar, lo haremos tan pronto nos visite durante el veraneo 

 

  Éste sería el comienzo de partida de una reivindicación que, si no fuera fácil, nos tendría empleados en nuestro tesón, hasta su centenario. Echando cuentas, quedarían treinta y seis años para el 45, los suficientes como para que fuésemos capaces de conseguirlo.

 

  Y , como quiera que nadie de los presentes, que gozamos de salud y buena edad, no quisiéramos perder, haremos lo posible para que el tiempo vaya a nuestro favor, y venga a suceder antes de que pasemos a mejor vida. ¡Sin duda que sería una reivindicación del pueblo y un logro para generaciones venideras! 

 

  Pero, ¿por dónde comenzar? Permítanme apuntarles diciendo que, si queremos ser “populares” y hacerlo bien, se habría de comenzar por una recogida de firmas, y ser presentadas al ayuntamiento, con el fin de que éste lo remitiese a diputación, y ser tenida en cuenta a la hora de las partidas económicas y sociales, con un tiempo que no pase de lo estimado.

 

  En un segundo paso, se debería nombrar una comisión, que recogiese cuantas ideas fueran buenas, y ser presentadas como base del proyecto, que tomarían los arquitectos, sin importar que fueran algunas desestimadas, así como otras aceptadas tanto por propuestas  de los profesionales o de la misma diputación 

   Pero si, en caso de que “esta forma popular de hacer” no fuera considerada la mejor, y considerase el ayuntamiento que con las “suyas” fuese suficiente, quedando en sus manos la gestión de llevarla hasta diputación, quedaríamos a la espera de sus proyectos y del tiempo respetado para: primero ser aceptado y segundo planificado en el tiempo.

 

  Como suele ser corriente, en estos casos, la gente al manifestarse con una firma, no dirá que no “¡si nos lo hacen!”, pero que “¡no darán dinero, porque será caro!”, les diremos que, si de igual modo sucedió con el inmueble del ayuntamiento, en tiempos de su predecesor Luis, y se llevó a cabo (con deficiencias, que hoy se dan al olvido), ¿por qué no ahora, que hay más dinero para estas cosas?

 

   Para concluir esta primera entrega (se supone que, con el tiempo habrá más novedades) deberemos ser positivos, y desde el principio; sin que se nos escapen esos redichos tan espontáneos como negativos: “¡decid lo que queráis, pero como no lo van a hacer!”, no volveremos a recordar lo antes mencionado para preguntarles con una reflexión: ¡Y que se hiciera el inmueble del ayuntamiento ¿de quién dependió: de os vecinos, que no lo pidieron, de la suerte o de la mano del precedido alcalde? 

  Sinteticemos recomenzando por lo del principio: se necesita una concienciación colectiva y una foto de la vieja plaza del ´45, que poner aquí en la que hoy se ha de reformar antes que tarde, y cursos desperfectos son de todos conocidos, sin que podamos hoy detallarlos. ¡”Bienvenida –diremos-- cuando llegue”!    mariano san millán lópez

 

                        

 

7.-  ¿AGUA...? ¡LA QUE HAYA, Y CONTROLADA! 

 

 

    Vayan haciéndose a la idea los pradanios (por si la educación de la época no llegó hasta ello) que, desde hace tiempo, el agua es un bien escaso; y que su uso, por tanto, debe ser justamente el necesario, no pudiendo malgastarse o dejarla correr, como se decía antaño, con aquel dicho de: "¡agua, que no has de beber, déjala correr".

 

   Y esto, porque, en el mundo global, en que vivimos, el agua no contaminada o potable es cada vez menor, hasta el punto de que ha saltado la alarma, por boca de hombres de ciencia o estado que, mirando por no quedar desabastecidos, estemos servidos en tiempos de excasez, pudiendo tener agua en nuestras reservas.

 

  (“¡Que esto no sirve para pueblos, como Prádanos, donde no va a suceder, porque no ha faltado nunca, sin que se hayan agotado nuestras fuentes!”)

  -Pues eso no lo dicen las crónicas de aquellos tiempos. Lo que podemos suponer es que, habiendo sequías, lo silenciaron; como hoy silenciamos otras cuestiones.  Cierto que, hasta el presente, el pueblo no se ha quedado sin reservas. Pero hemos estado en el límite. Recordemos hace tres décadas, cuando se levantó el filón y yacimiento de agua de “fuente palacio”, cortándose los chopos y recomendando no volver a plantar en la pradera, con el fin de no absorver agua y tupieran el flujo.

 

   Desde que la experiencia nos asiste sabemos, por el ciclo climático, que los manantiales no van a más, sino lo contrario: que, al caracterizarse por temperaturaras más elevadas y precipitaciones en menor cuantía, estamos en el polo opuesto; y, si antes se podía regar en las tierras de patata, y las fuentes daban para las huertas, eso hoy sabemos que se ha acabado, desde el momento en que el agua va a parar al depósito, del que se abrevarse animales y humanos.

 

   ¡Aún más: llegará el día en que la población estival aumente, y con ella, las necesidades de higiene y limpieza exijan mayor gasto en el sector; lo que provocará que el agua tenida en haber sea insuficiente. Y esto, porque una nueva demanda se improndrá con el tiempo: la de la necesidad de tener agua para las plantas de parques y jardíines: lo que ahora no se considera un bien preciado, sino un ocio, que puede resultar caro, porque –claro está- antes deberán estar cubiertas las necesidades humanas y de animales que la de los parques, que van aumentando en su cuidado.

 

    A todo esto, existe una salvedad, que hay que considerar: y es que el ayuntamiento tiene controlado nuestro gasto doméstico por medio de un contador. Pero ¿conocemos el gasto, que se origina con los cientos de cabezas de animales estabulados, que antes bebían del tojo o de pilones? Pero ahora es que los centenares pueden llegar al millar; lo que multiplicado, por un mínimo de siete litros diarios animal, originarría un gasto de unos cinco mil litros, que salen de la fuente “palacio”.

 

   Pronto, así, llegará el momento, en el que el solo recurso de este yacimiento sea insuficiente para correr con todas las necesidades, a lo que habrá que sumar un nuevo conducto: el de la fuente “rabal”, que venga a mezclarse con el agua de “palacio” y gane en cantidad, a la vez que en calidad, al contener la de “palacio” un alta condensación de cales.

 

   Una vez considerados los problemas cuantificadores del agua y sus variantes, este miniestudio “fenomenológico” nos llevaría a considerar la calidad de nuestras aguas; por lo que no sólo debería ser analizada el agua bebida, sino rebajada su calcificación; y, si cave un estudio de las dos variantes de extracción de agua:  la proviniente de yacimientos lejanos, que trascienden nuestro término municipal (tal vez provenientes de las montañas de “picos de europa”) y las que, por condensación en el sustrato arcilloso, de la que está formada el suelo, conseguimos sacar de nuestros pozos una pequeña cantidad, que en otras épocas debió ser vital, para el servicio doméstico, bebiendo –como lo hacían los animales- en los pilones y tojo, aún en tiempos invernizos y de nevadas.

 

   Una puntualización última con la queponer final a este comentario: el destino de nuestras huertas cultvables, caso de que el agua menguara, y en verano –estación estival la más necesaria de este don preciado- faltara: ¿qué hacer? ¿suspender el cultivo por asfixia, o buscar una alternativa, que lo palie?  De buscarla ¿cuál sería su hallazgo? ("¡Tal vez, el agua de lluvia!")

                                       Mariano San Millán López, escritor, Altea (Alicante)  15 de junio de 2009

 

8.-  EL "CiRCULO" CUMPLiÓ SU PRiMER CENTENARiO 

 Un gran y único centenario en Prádanos de Ojeda

 

El Círculo Católico nacía en la localidad, tal día como hoy hace un siglo.

Sus 215 socios están preparando una semana cultural para agosto y una misa para Pascua.

 

MARTA REDONDO / PRÁDANOS

 

Cumplir cien años no se hace todos los días, y más cuando eres la única en la provincia de Palencia -exceptuando la de la capital-. Y es que hoy, precisamente, hace un siglo que en Prádanos de Ojeda nacía el Círculo Católico de Obreros, una entidad de carácter cultural que se reúne para realizar diversas actividades, y que tiene su centro de encuentro en el teleclub de la población de La Ojeda. Un local que se ha rehabilitado recientemente gracias a una ayuda de 6.000 euros de la Diputación de Palencia. Está formada por 215 socios de la localidad e hijos de la tierra que emigraron, que ya tienen la vista puesta en el verano, pues del 4 al 10 de agosto se celebrará una gran Semana Cultural en la que se impartirán charlas sobre plantas medicinales, ganadería, medicina, etc., y se pondrá el broche de oro con una gran comida de hermandad. Antes, el lunes de Pascua, y como es tradicional, se realizará una misa y una procesión para celebrar su aniversario. También la alcaldesa tiene previsto solicitar la exposición del concurso La foto del verano: Mi pueblo es el mejor, organizado por Diario Palentino, y en la que Prádanos quedó segunda y donó su premio -1.000 euros en productos Gadis- a una ONG.

Según explica Isidro López Merino, director del Círculo Católico y sacerdote de la localidad, «a principios del siglo XX en Prádanos, que contaba con 1.650 habitantes, se fundó el Sindicato Obrero Católico -1905- que más tarde dio lugar al Círculo Católico». Recuerda que la asociación vio la luz en 1908 gracias a la iniciativa de Dionisio Ruiz Pastor, sacerdote de Prádanos, pues «la Iglesia quería dar soluciones a problemas, y así favorecer a los obreros. Su primer presidente fue Francisco García Aparicio».

Objetivos. En el artículo 6º de sus Estatutos se definen sus objetivos que son «desarrollar la convivencia y solidaridad, la defensa de la fe y las buenas costumbres inspiradas en el amor a la religión, la familia y el trabajo; promocionar actividades culturales; dar a conocer la doctrina social de la Iglesia; y comparecer ante las autoridades y opinión pública para todo lo que sea beneficio de los asociados». «Los Círculos Católicos proliferaron por toda España, en muchos lugares han desaparecido. En la región existen en todas sus capitales, y en Palencia además del de la ciudad está el de Prádanos», afirma López. Un gran y único centenario en la provincia.   

 

9.- WiKiPEDiA TiENE OTRA TEORíA SOBRE EL NOMBRE DE PRÁDANOS

Seguramente el topónimo de Prádanos provenga del sustantivo latino “pratum” con significado de prado o pradera, al que se añadió el sufijo “-aros”, o propensión a. Recuérdese que cuando una legión romana se asentaba en un determinado valor, levantaba un campamento y ejercía su dominio en cierto territorio denominado “prata” así daban parto a sus animales y alimento a sus soldados. Varios son los pagos de la localidad que aluden a ese significado: la Pradera, praderas, praderillo, pradillas, etc.A Prádanos pertenece también el despoblado de San Jorde, al sur, cuyos vasallos pertenecían en el siglo XIV a la abadesa de San Andrés de Arroyo. Hoy sólo se mantienen algunas restos de su pequeña iglesia románica, pero con el expolio ha desaparecido su rico patrimonio artístico. Su imagen de San Jorge se conserva en el Museo Diocesano de Palencia.Prádanos disponía a finales del siglo XVI de unos 266 habitantes, a mediados del siglo XIX de 1086; en 1900 de 1242, en 1930 de 900 en 1960 de 676 y en 2005 de 218.

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